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"No os calléis ni sufráis solas": El alegato de una mujer con discapacidad víctima de violación

19.04.2021

FUENTE: LA VANGUARDIA 

María sufrió agresiones sexuales por parte de un familiar cuando tan solo tenía 7 años. Esa no sería la primera vez ni la última. “Además de las violaciones, me agredía físicamente y me insultaba”. No contó con el apoyo de ningún familiar cercano y vivió esas situaciones en silencio. Tiene parálisis cerebral con discapacidad intelectual asociada y requiere de grandes necesidades de apoyo las 24h del día, factores que todavía la hacen más vulnerable. 
 
A raíz de un trágico episodio, todavía siendo niña, empezó el periplo de María. Fue cabalgando en diferentes soluciones habitacionales, centros de menores y casas de acogida. Al cumplir la mayoría de edad, retoma el contacto con algunos miembros de su entorno familiar. A pesar de todo, vuelve a experimentar otro tipo de violencia, esta vez, de abuso patrimonial. “Me robaron hasta el último céntimo. Dejaron la cuenta tiritando”.
 
Además de las violaciones, me agredía físicamente y me insultaba. María, víctima de violación. 
 
Hoy, ya adulta, se abre en canal para este diario. “Hay que reconocer que tenía miedo y nervios por contar toda mi historia, pero doy mi testimonio para ayudar a otras mujeres”. Actualmente, reside en una vivienda tutelada y colabora activamente con entidades para personas con discapacidad. María aconseja a estas mujeres que se apoyen en las personas que quieren ayudarlas y no tengan miedo a explicar lo que les están haciendo. “Sé que es difícil, pero debemos hacerlo”. 
 
La discapacidad intelectual es una condición, no es una enfermedad. Hace referencia a una limitación importante en el funcionamiento de la persona, no a la limitación de la persona. Depende tanto de quien la padece como de las barreras u obstáculos que tiene alrededor, tal y como señala la organización Plena Inclusión.
 
Denuncia
 
A pesar de las dificultades, estas mujeres animan al resto a que se empoderen y denuncien los hechos.
 
Una de cada cinco mujeres con discapacidad (no existen datos segregados por tipología) ha sufrido violencia física o sexual por parte de alguna pareja a lo largo de su vida, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2019. Estos delitos contra la libertad e indemnidad sexuales se pueden ejercer en forma de agresiones, abusos, acoso, exhibicionismo, provocación sexual y trata. 
 
Además de María, Sofía forma parte de ese porcentaje de mujeres que ha sufrido violencia sexual fuera de la pareja. Ella es una mujer con discapacidad intelectual y actualmente está institucionalizada. Cuando tenía 11 años, un familiar cercano la agredió sexualmente en varias ocasiones. “Se lo conté por primera vez a mi madre, pero no me creyó. Pensaba que me lo inventaba. Él me daba regalos si no lo contaba. No entendía lo que pasaba y me iba a mi habitación y lloraba”.
 
Según un informe del Parlamento Europeo, las parejas o exparejas son mayoritariamente las figuras agresoras de las mujeres sin discapacidad, pero en el caso de las mujeres con discapacidad están expuestas a la violencia por parte del entorno más allá de la pareja, ya sea un familiar cercano, amistades, profesionales de referencia, compañeros de las residencias, entre otros. Estas violencias suelen producirse en el hogar familiar, en el colegio, en el centro ocupacional, etc.     
 
Macroencuesta de Violencia contra la Mujer
 
Los datos tan solo reflejan una pequeña parte por los casos que no se denuncian.
Tal y como afirma Teresa Arias, psicóloga de la entidad Laborvalía: “No es que sucedan ahora y antes no sucedieran, sino que antes no se detectaban. Ahora estamos más concienciados de sacarlo a la luz y ayudar a la persona. Antes se creía que este colectivo no era víctima de abuso y de maltrato. Sin embargo, ahora sabemos que están en un mayor riesgo que la población sin discapacidad”.
 
Él me daba regalos si no lo contaba. No entendía lo que pasaba y me iba a mi habitación y lloraba
Sofía, Víctima de violación.
 
“Las mujeres con discapacidad intelectual son unas de las víctimas más habituales de estos delitos; tanto cuando en la comisión de los mismos se utiliza violencia o intimidación, como cuando se realizan empleando la manipulación, el engaño o la superioridad”, afirma Esther Castellanos, consultora de CERMI Mujeres, que ha elaborado el estudio ‘La violencia sexual en las mujeres con discapacidad intelectual’ (2020). 
 
¿Por qué son más vulnerables?
 
Para empezar, por su condición de intersección de las variables de sexo y discapacidad. El ser mujer y tener discapacidad intelectual conlleva una doble vulnerabilidad. Además, hay que sumarle el grado de dependencia hacia los otros donde los cuidados dependen de una persona que, a su vez, puede ser también el agresor.
 
Los estereotipos refuerzan la idea de que son frágiles e incapaces de denunciar. Por eso, los agresores las perciben como un blanco fácil para ejercer esa violencia. “Se creen que somos tontas por tener discapacidad y que pueden abusar de nosotras”, denuncia Sofía con indignación. Y añade María: “La gente piensan que somos más inocentes e ingenuas. Pero no es así. Sí, tenemos limitaciones. Pero merecemos los mismos derechos”.
 
Otro condicionante es la falta de información para conocer cuáles son los límites. “La mayor protección que le podemos dar se basa en la formación y la autonomía porque así podrá defenderse y manifestar si ha sufrido algún abuso”, expone Ángeles Blanco, asesora jurídica de ASPACE. “Hay una negativa de la sexualidad que pasa por la infantilización. Este condicionante sumado a la sobreprotección lo único que hace es agrandar y exponerlas a la mayor de las violencias”.
 
En la misma línea, Castellanos asegura que hay una relación directa entre la frecuencia de la violencia sexual que sufren las mujeres con discapacidad intelectual, y la falta de información y educación sexual. “Los agresores piensan que solo queremos sexo. Todas esas personas que abusan de nosotras son unos criminales”, explica Sofía. 
 
Educación sexual
 
Las expertas coinciden en que las mujeres deben estar informadas para manifestar el abuso
Por otra parte, la psicóloga Teresa Arias hace hincapié en el peso de los estereotipos. En concreto, los de índole afectivo-sexual. La experta asegura que existe una creencia de que son “niños eternos” o, por contra, personas hipersexuales. “Piensan que tienen una sexualidad desinhibida porque les han podido ver en algún lugar público intimando, pero es porque no han recibido una educación afectivo-sexual ni se les ha educado en la intimidad porque no la tienen”. 
 
Arias trabaja en la Unidad de Atención a Víctimas con Discapacidad Intelectual (UAVDI), de la Asociación Laborvalía, este servicio es financiado por Bienestar Social-Junta de Comunidades de Castilla-La mancha, y es un recurso especializado en casos de abuso y/o maltrato a personas con discapacidad intelectual y del desarrollo. Entre otras áreas, abordan la intervención clínica y/o forense en casos de abuso sexual, así como su prevención. "Ofrecemos el asesoramiento y el acompañamiento necesario a lo largo del proceso judicial".  
 
Hay una relación directa entre la frecuencia de la violencia y la falta de información y educación sexual
Esther Castellanos, Consultora CERMI Mujeres. 
 
Esta negación de la sexualidad provoca que no sean consideradas como destinatarias a las que haya que informar sobre su salud sexual y reproductiva y, por lo tanto, sobre la posibilidad de ser madres. A María le gustaría ser madre, pero piensa que la sociedad no está preparada. “Aunque necesitamos la ayuda de otra persona, no nos ven capaces de cuidar de otro ser humano”. Por su parte, Sofía reivindica que “tenemos derecho a tener relaciones sexuales como el resto”. Ahora mismo, tiene pareja y reconoce estar muy a gusto, pero confiesa que no quiere vivir con él: “Soy muy independiente y me gusta ir a mi bola”. ¿Niños? “Tengo claro que no quiero tener hijos porque dan mucha guerra”. 
 
Consecuencias de la violencia sexual
“Cuando una mujer llega a la UAVDI nos encontramos que la humillación, la vergüenza, la culpa y la preocupación invaden a la víctima”. Arias cuenta que estas mujeres experimentan enfermedades psicosomáticas, problemas de sueño, ansiedad, depresión, altibajos emocionales, baja autoestima y estrés postraumático. A nivel físico, pueden presentar lesiones corporales, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, alteraciones en la esfera sexual y discapacidades. 
 
Por ello, es muy importante trabajar tres aspectos: el trauma, la culpa y el duelo. “Muchas veces no estamos preparados para escuchar esa experiencia tan negativa. Pero callar significa invisibilizar y guardar intacto ese dolor”. También es importante abordar el duelo. “En la mayoría de casos, la violencia la ha ejercido algún conocido de la víctima. Por eso, independientemente de que la relación haya sido dañina ha habido una pérdida”.
 
Lo fundamental es que el entorno crea a la víctima porque eso ya supone una sanación a nivel terapéutico
Teresa Arias, Psicóloga en Laborvalía. 
 
Los expertos aseguran que es importante que la víctima se identifique como tal. “Cuando uno se empieza a identificar como víctima está exento de culpa”.  La violencia sexual genera desconfianza hacia el resto de relaciones significativas que tiene a su alrededor: “Si confiaba en él, pero me ha acabado haciendo daño: ‘¿Por qué no lo van a hacer otros que yo también considero importantes?’”. A María, a raíz de las violaciones que sufrió, asegura que le cuesta mucho confiar en la gente: “Analizo mucho a las personas cuando las conozco para saber por dónde me van a salir”.
 
Esther Castellanos, la consultora para la Fundación CERMI Mujeres, expone que el silencio y la culpa forman parte de la propia cultura de la violación. “La palabra de una mujer que acusa a un hombre es puesta inmediatamente en duda”. Y añade: “La narrativa de la cultura de la violación nos dice que una mujer que sobrevive tiene que ser una mujer rota, traumatizada y asustada para el resto de su vida, que debería haber preferido la muerte a ser violada. Después de lo ocurrido, debe enclaustrarse y no volver a salir al espacio público”. 
 
Entre 2016 hasta 2019 se han producido siete casos de agresiones sexuales múltiples a mujeres con discapacidad. Por otro lado, han sido asesinadas 24 mujeres con discapacidad desde el 2013 hasta 2018, según Geoviolencia Sexual.
 
Las barreras en la denuncia.
Las mujeres con discapacidad intelectual se enfrentan a una serie de barreras a la hora de denunciar el delito. “La Policía y el Poder Judicial no suelen estar formados para actuar adecuadamente en casos en los que una persona con discapacidad participa como víctima, acusada o testigo”, cuenta Castellanos. Asimismo, en la denuncia y en el proceso penal influyen estereotipos socialmente relacionados con que son más propensas a inventar historias o no tienen un discurso coherente. A menudo es complicado denunciar porque la autoestima está mermada, falta información y tienen miedo a no ser creídas.
 
Desde CERMI Mujeres han creado un Protocolo para la Atención a Mujeres con Discapacidad Víctimas de Violencia con el objetivo de poner a disposición de la comunidad y profesionales un instrumento para atenderlas y contribuir así a mejorar su calidad de vida y defender sus derechos. 
 
Ángeles Blanco lleva dos años como asesora jurídica en ASPACE. Además del asesoramiento, cuentan con un programa de autoconocimiento de derechos para mujeres y hombres con parálisis cerebral llamado ‘ASPACE por tus derechos’. La profesional asegura que todos los casos de agresión sexual que ha llevado concurre discapacidad intelectual, parálisis cerebral y necesidades de apoyo a nivel comunicacional. Unas vulnerabilidades que los agresores aprovechan. Desde las entidades, protegen a estas mujeres derivándolas a pisos de acogida, aunque no cuenten con todas las necesidades.
 
Mujeres con parálisis cerebral, discapacidad intelectual y sin comunicación verbal quedan totalmente desprovistas de derechos.
Ángeles Blanco, Asesora jurídica en ASPACE.
 
En el caso de las mujeres que necesitan Sistemas Aumentativos y Alternativas de la Comunicación (SAC) (como imágenes, pictogramas, entre otros) se cuestiona desde los juzgados si esto es válido para la testifical de la víctima. La gran mayoría de mujeres con parálisis cerebral tiene dificultad en la comunicación oral, pero hay un 25% que no puede tan siquiera hablar. Ahí es cuando entran los sistemas alternativos de la comunicación (sintetizador de voz, tablero, fotos, etc.). Sin embargo, se interpreta que si no pueden hablar no tienen capacidad cognitiva y, por lo tanto, no pueden testificar. “El problema más grave es que no están reconocidos para hacer un abordaje legal”.
 
Los agresores saben muy bien que esto en juicio no es válido. “No es casualidad que la mayoría de casos los tengo en este tipo de perfiles. Social y judicialmente cuesta entender que estos sistemas son una comunicación. Pero tengo algo que me respalda. Es un sistema absolutamente personalizado y abordado por un profesional, que está garantizando, a través de una vía alternativa, aquello que está expresando la víctima”.
 
Por otro lado, aunque es importante que las sentencias judiciales se hayan adaptado a lectura fácil sigue siendo insuficiente y “no vale que la última consecuencia de un proceso judicial esté en lectura fácil”. 
 
Detección y prevención
 
“La dificultad es que no hay síntomas concretos, sino que cada víctima desarrolla unos indicios u otros, pero siempre tenemos que contemplar el abuso”, más allá de los físicos, cuenta Teresa Arias. A veces, pueden experimentar cambios en sus relaciones y pueden socializar más de lo habitual para sentirse acompañadas y protegidas, o bien aislarse. “La mayoría de los síntomas son similares al del resto de las mujeres cuando sufren maltrato”.
 
Blanco reclama la elaboración de una macroencuesta específica de violencia a las mujeres con discapacidad. La asistencia jurídica en violencia de género es gratuita, con independencia de los recursos económicos de la víctima. Sin embargo, cuando esa violencia se produce fuera de la pareja la cosa se complica. Existen unos baremos para comprobar si la persona tiene derecho a ese acceso, según sus recursos.
 
“Normalmente existe una denegación porque no se tiene en cuenta exclusivamente la economía de la mujer con discapacidad, sino también la de la unidad de convivencia”. Se asume ese concepto de violencia de género, pero en el contexto de la discapacidad la mayoría se produce fuera del entorno de la pareja o ex pareja. “Si no articulamos asistencia gratuita estamos imponiendo una barrera todavía más de acceso a la justicia”. 
 
Falta de información
 
El nivel de sensibilización con respecto a la discapacidad es todavía muy deficiente.
También pide mayor formación y sensibilización a todos los operadores jurídicos, funcionariado público y cuerpos y fuerzas de seguridad. “Falta conocimiento y acercarse a otras realidades que son muy diversas y han de existir puentes de colaboración, también con la sociedad civil”.
 
Teresa Arias explica que debemos prevenir e informar sobre los tipos de violencia con programas de formación y recuperación. “Una reparación del daño que también debería ser institucional y no recaer solo en la mujer”. Es importante que el entorno pregunte desde una perspectiva abierta y acogedora para saber qué le está pasando. Asimismo, ese dolor se debe tratar desde un punto de vista psicosocial y que los agresores cumplan condena. 
 
Igualdad de género
 
María y Sofía manifiestan la importancia del feminismo para luchar por los derechos de todas las mujeres.
Sofía, que sufrió abusos sexuales de niña, pide a la sociedad: “Informaos, creednos y acompañadnos. Es importante denunciar porque así dejan de abusar de nosotras, para que nos dejen en paz y que vean que no nos callamos. Yo nunca me he callado, siempre he sido una luchadora a tope”. Los que la conocen aseguran que es pura energía y vitalidad, con ganas de cambiar las cosas. Realiza charlas sobre violencia de género y forma parte del Observatorio de la Mujer para reivindicar la igualdad: “Es importante que movimientos como el feminismo luchen por los derechos de las mujeres y, sobre todo, por las que son más vulnerables como son las mujeres con discapacidad”.  
 
Tras muchos años, Sofía asegura que la vida le ha dado otra oportunidad y manda un mensaje a todas las mujeres que han sufrido o sufren violencia sexual: “Tenéis que luchar, nunca os calléis. Somos fuertes, luchadoras y valemos lo mismo que el resto”.
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